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La ¿reforma? laboral. Parte 3: no algo mejor, sino algo nuevo.

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 Check list de la reforma    Los parados, y van 112.000 más sólo en febrero, saben mejor que nadie que la falta de trabajo no implica únicamente una carencia de ingresos. Estar parado significa no poder desarrollar tu profesión. No poder trabajar desvertebra la vida, económica, social y humanamente.

     Porque el trabajo no es sólo un factor de producción, sino una necesidad humana. Nos permite proyectar nuestra identidad. Somos conocidos por nuestro trabajo, somos lo que hacemos. El trabajo ocupa una parte importante de nuestro tiempo y energía y condiciona otros aspectos de nuestra vida.

     Así pues, si el trabajo tiene una dimensión tan importante, queda corta una mirada que sólo contemple la parte contractual, las cláusulas que obligan a empleado y empleador.

     La regulación actual, y sus reformas, recuerdan en cierto modo a un intento de poner orden en el patio de los niños: quién tiene el balón, a qué hora se sale, qué pasa si aquel me empuja,… En lugar de ir con el silbato en la mano, tal vez sea mejor aportar unas pautas, valores como el compartir, la generosidad, el orden y la limpieza, la empatía. De este modo, los niños practicarán cuatro buenos principios y se ahorrarán docenas de normas.

     A lo mejor no se trata de dar otra pasada de alambique a la legislación laboral, como si fuera una ginebra, sino de contemplar el fenómeno del trabajo desde un punto de vista nuevo. Modestamente, se me ocurren unos cuántos campos de mejora:

     1. Una buena reforma laboral empieza reformando la educación. Gran parte del drama del paro juvenil actual es que los jóvenes, además de no tener empleo, no tienen profesión.

     2. Un segundo ámbito de mejora está en la conciliación: es posible y factible, si se regula bien, se generaliza y se acepta. Flexibilidad y conciliación son conceptos que, en el fondo, van de la mano.

     3. Un tercer ámbito se centra en la participación: cómo vincular a los trabajadores en las decisiones empresariales, desde una mirada de implicación, sana complicidad, y no de confrontación. Hay mucho camino en el ámbito de la Responsabilidad Social Corporativa.

     4. Un cuarto aspecto sería la formación: que no sea una bolsa de fraude y sirva realmente para mejorar la productividad de las empresas, el acceso a un empleo mejor, y la mejora de las habilidades directivas de los empresarios. La formación también debería ser obligatoria para los Directores Generales, especialmente de PYMES.

     5. Un quinto ámbito es la dignificación del trabajo, tanto el del asalariado como del empresario, y una apuesta por la ética en la empresa y en los negocios. Y los primeros que deben marcar la pauta son el estamento político y las administraciones.

     Y así, podríamos enumerar más áreas de mejora, la mayoría centradas en aspectos cualitativos, y morales.

     Lo que estoy diciendo no es una fantasía o una utopía. Reconocemos este escenario en países como los escandinavos, Alemania, incluso Gran Bretaña. Sin embargo, aquí en España damos esta batalla por perdida y nos centramos en contar los días de indemnización.

     Esta es, en mi opinión, la gran reforma laboral pendiente. Aspectos que hay que añadir a lo que ya se ha aprobado, y que completan la visión profesional y humana que se encierra en conceptos como trabajo, profesión, identidad.

Joaquín Bueso

Socio Consultor

Escrito por sadeconsulting

marzo 20, 2012 a 11:08 am

La ¿reforma? laboral. Parte 2: preparando la “mani”.

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En el post anterior trato de explicar que, en mi opinión, la reforma no ha introducido cambios sustancialesrespecto de la situación que “de facto” ya existía.

     Sin embargo, parece que los sindicatos se sienten obligados a dar algún tipo de respuesta ante lo que ellos llaman, “retroceso social”, y “deterioro grave de las condiciones de contratación”.

     Y todo ello con el telón de fondo de 5.200.000 parados, una economía en recesión y 4 años de crisis para la que no se encuentra remedio.

Legión de parados

Legión de parados

     Mi afirmación del post anterior de que se está desenfocando el debate, requiere una mínima perspectiva:

     En el s.XVIII la evolución tecnológica propicia el inicio de la revolución industrial. (Que nadie se alarme, esto va a ser breve). La burguesía agraria, la del comercio, y alguna aristocracia terrateniente, se transforman en una burguesía industrial. Ellos tienen el dinero. Con él, construyen bienes de inversión. No en vano se llama “capital”, tanto al dinero en sí como a los propios medios de producción. Falta un ingrediente: el trabajo.

Máquina de Vapor James Watt

Máquina de Vapor James Watt

     A partir de este esquema, aparentemente sencillo, se inicia un proceso que marcará la sociedad occidental hasta nuestros días: el capitalismo, el marxismo fallido y el concepto de lucha de clases.

     Con matices, esta es la herencia que ha llegado a nuestros días. Este es el mar de fondo en que se realiza el debate sobre la reforma laboral. Todo ello sin tener en cuenta que el mundo ha cambiado, para bien y para mal.

     En el ámbito del empleo seguimos aplicando conceptos como “relación asimétrica”, “parte débil”, “conquista social”, para definir la relación que existe entre empleador y empresario.

     Después de 200 años, se pretende mantener el cliché de “poderoso” contra “débil” y una dialéctica de confrontación.

Salida de la fábrica

Salida de la fábrica

     Y si hasta hace poco, las conquistas sociales habían conseguido mantener a raya al poderoso a base de proteger y favorecer sistemáticamente a la parte débil, se entiende que los sindicatos vean con horror cómo ahora, “al amparo de la situación de crisis, el nuevo gobierno elimina redes de protección a la clase trabajadora“, es decir, devuelve poder al empresario, al poderoso, al explotador.

     Una Manifa YA! Con indignados incluídos, mariachis de lujo para una movilización que se encorajina ante el atropello, pero se desinfla cuando observa a los cinco millones de parados, mirándoles desde la acera.

     Este es el debate. Un debate miope, pobre y desenfocado: ¿quién se queda con la manta?

     En primer lugar porque, como decía, los empresarios no tienen sustancialmente nada que no tuvieran ya, otorgado por el gobierno anterior.

     En segundo lugar, porque hay que superar el viejo modelo de la lucha de clases.

     Simplemente eso: No se puede progresar con esa ranciedumbre, con esa caspa. Insistir en esta polémica es defender unos intereses inconfesables.

     En la medida en que un obrero puede dejar su trabajo, crear su propio negocio y convertirse en patrón, no hay lucha de clases. Lo que debemos garantizar es que esa movilidad social sea verdadera, y fácil de lograr.

     La auténtica lucha social está en generalizar la educación, en garantizar la igualdad de oportunidades, y en inculcar en las generaciones el valor del trabajo profesional, serio y bien hecho, y que esta actitud positiva, de crecimiento interior y comprometida ante uno mismo, empieza en el parvulario.

     La auténtica lucha social es la del individuo consigo mismo, por formarse y llegar a ser buen profesional, buen padre o madre, buen ciudadano.

     Y, ¡atención!, esto no afecta sólo a los trabajadores. También obliga a los empresarios: a ser prudentes, tener formación en gestión, ser honrados y diligentes en el manejo de sus empresas o negocios. Y a que la ley les obligue a serlo.

     El problema no está en 33, 20 o ningún día de indemnización. Como se planteaba en el post “Tiempo de paradojas”, en los países nórdicos no existe indemnización por despido. La clave está en el compromiso de cada cual en formarse, reciclarse y ser interesante para las empresas, y en el apoyo que el Estado va a aportar para lograr ese empeño.

     Estamos en un falso debate. Los empresarios no contratan por gusto, ni despiden para fastidiar. No es tanto una cuestión de derechos como de actitud, tanto de trabajadores como de empresarios, especialmente en un mundo globalizado donde luchamos por nuestra propia supervivencia económica.

Joaquin Bueso

Socio Consultor

Escrito por sadeconsulting

marzo 20, 2012 a 11:01 am

La ¿reforma? laboral. Parte 1

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Fátima Báñez, Ministra de Empleo

Fátima Báñez, Ministra de Empleo

     Ha pasado una semana y una manifestación desde que se aprobó la reforma laboral en el Consejo de Ministros, y poco a poco vamos saliendo de ese estado de perplejidad que nos quedó tras su anuncio.

     La reforma venía precedida de grandes augurios, señales que desde el gobierno se habían ido dejando caer. Micrófonos indiscretos captan confesiones soto-voce, tan forzadas y poco naturales como las fotos que cada verano le “robaban” a Ana Obregón.

Me va a costar una huelga

Me va a costar una huelga

     “Me van a montar una huelga general”; “va a ser una reforma muy agresiva”.

     En la propia rueda de prensa tras el Consejo, la vicepresidenta anunciaba “una reforma histórica, profunda y completa, que marcará un antes y un después en las relaciones laborales en este país”.

     Cuando compareció la Ministra de Empleo, con su carita de niña aplicada y estudiosa, y desgranó, por fin, las grandes líneas de la reforma, a todos se nos quedó una cierta expresión de sorpresa, de no acabar de saber a qué atenernos.

     Tan es así, que hasta los propios sindicatos, que estaban aguardando el diluvio, levantaban sus palmas hacia arriba, comprobando con cierta incredulidad que lo único que caía era la misma fina lluvia que en los últimos meses. Un poco más matizada, sí. Algo más concreta, es verdad, pero nada que no estuviera ya apuntado.

     Tanto la alegría de unos como la ira de otros, se hizo esperar. “Antes de dar nuestra opinión, debemos conocer los detalles del Real Decreto”.

     Y, progresivamente, las posiciones fueron tomando cuerpo: el agua y el aceite empezaron a separarse. Ayer domingo, manifestación.

UGT y CCOO contra la reforma

UGT y CCOO contra la reforma

     Realmente no encuentro nada innovador en esta reforma. La extensión de la indemnización de 33 días por año trabajado a todos los contratos indefinidos, puede ser algo nuevo, pero no es innovador. Todas las medidas que delimitan las causas de despido objetivo, con la consiguiente indemnización de 20 días, sirven para fijar el argumento, afilan el arma, pero no aportan nada novedoso.

     El resto de la reforma: 20 horas de formación obligatoria para los empleados; compatibilizar unos tipos de contrato con el cobro de un 25% de la prestación; la supresión de los salarios de tramitación, determinados estímulos a la contratación de jóvenes y parados de larga duración, y algunas cosas más, son aportaciones interesantes, pero resultan poco regalo para tanto envoltorio: podrían implementarse fuera del contexto de una reforma laboral.

     La CEOE está contenta. Realmente, no entiendo la causa de su alegría.

     Los sindicatos están calentando la calle. Realmente, no entiendo qué argumentos nuevos han aparecido con esta reforma, que supongan recortes para los derechos de los trabajadores, que no existieran ya. Tal vez sufran más por ellos mismos que por los obreros, por aquello del descuelgue de los convenios y la debilitación de la negociación colectiva.

     Días antes del anuncio de la reforma, Cándido Méndez, Secretario General de UGT era entrevistado en Onda Cero. La pregunta: “¿Cree usted que los empresarios están esperando a la reforma para contratar?” La respuesta: “Si para contratar esperan un abaratamiento del despido, pueden contratar ya, porque puede decirse que en España ya hay despido libre con 20 días de indemnización”.

     Ahora ya tenemos reforma. ¿Ha cambiado algo sobre este enunciado? No, ciertamente. Entonces, ¿a qué vienen las movilizaciones, si esto es una continuación, un perfeccionamiento, de lo que ya existía desde el gobierno de Zapatero?

     En mi opinión, se está perdiendo una gran oportunidad para realizar una propuesta nueva de relación entre empleadores y empleados, que comprenda no sólo los detalles contractuales de su vinculación, sino que abarque en plenitud todos los aspectos sociales que tienen que ver con el trabajo: Horarios, flexibilidad, conciliación, seguridad, preparación, reciclaje, implicación, participación y productividad.

     En el próximo post comentaré porqué, desde mi punto de vista, se está desenfocando el debate acerca de esta reforma, y en un siguiente, me atreveré, humildemente, a proponer algunos aspectos que, a mi modo de ver son importantes, y que han quedado fuera de la actual reforma laboral.

Joaquín Bueso Recatalá

Socio Consultor

Escrito por sadeconsulting

febrero 24, 2012 a 11:37 am

Economía dopada

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Economía dopada    Ya han pasado más de un mes desde que el nuevo gobierno tomó posesión. Durante toda la campaña electoral, y después, está siendo recurrente el debate acerca de qué política fiscal hay que aplicar para salir de esta crisis. O mejor: qué política fiscal provocará menos estragos.

     Porque analizadas por separado, en el contexto actual, ninguna parece capaz de ofrecer un remedio sólido y eficaz, que combine varios factores al tiempo:

          1. Garantizar el estado del bienestar (básicamente sanidad, educación, pensiones, prestaciones por desempleo y dependencia), tal y como ahora los conocemos;

          2. Mantener el pulso de la inversión pública como motor económico con entidad propia;

          3. No incrementar (de remontar ni hablamos), el nivel de desempleo;

     En este momento una política fiscal expansiva es inabordable desde el lado del gasto. Cualquier iniciativa que pueda incrementar el déficit sería mal vista por los agentes. Y no hay que olvidar que son los mercados los que tienen que aportar el dinero para financiar dicho déficit, y la consiguiente deuda.

     Intentar una política expansiva desde el lado de los ingresos implica subir los impuestos. Habría que determinar qué impuestos tocar, y para ello, los más efectivos son el IVA, el IRPF y el Impuesto de Sociedades. Pero esto, más allá del desgaste político, tiene graves contraindicaciones en forma de contracción de consumo, ahorro e inversión.

     Por todo ello, y de una forma completamente farisea, los candidatos (unos más que otros) han hablado de impuestos que parece que no afectan a nadie: Banca, grandes fortunas, impuestos especiales, patrimonio… No dicen que todo ello, sumado, no representa ni una subida del 1% del IVA, pero lo presentan como la poción mágica que resolverá todas las angustias: Garantizar los servicios sociales sin incrementar el déficit.

     Ya vemos que esto no es así. Y no es así, entre otras cosas, porque ahí no es donde está el problema.

     El problema de la economía española no está en la relación directa que algunos proponen entre reducción de déficit, recortes sociales y reducción de la actividad, sino en cómo se ha permitido, durante tantos años, que el tejido productivo se haya hecho tan gasto-dependiente.

     Cuando la crisis empezó a manifestarse, realmente ya estaba desatada y era irrefrenable. El error fue equivocar el diagnóstico (será pasajera), y el remedio: el sector público tomará el relevo del privado, incrementando el gasto. Y florecieron los Planes E de todo tipo, que, sin solucionar la destrucción de empleo, incrementaron el déficit hasta niveles vertiginosos 11% en 2009, deteriorando unos indicadores de deuda (donde vierte el déficit), que presentaban un mullido colchón, hasta covertirlo en una incómoda estera.

     Y para acabar de redondear la escena, tenemos a unas Administraciones Públicas que en estos años aumentaron sus gastos ordinarios hasta un nivel que sólo podían financiar con unos ingresos extraordinarios que ya no se producen.

     Así pues, nos encontramos con una economía dopada. No sólo es un problema de que no fluya el crédito bancario. Tenemos síndrome de abstinencia de gasto público, porque no hemos creado una base económica sólida, exportadora y competitiva.

     La prueba de esta afirmación es que durante estos años de bonanza, y arrancamos desde el 2000, no se ha desarrollado un tejido productivo competitivo y productivo, sino grávemente ineficiente y esto se aprecia en que la economía española ha producido en 2011 solamente un 2.3% menos de PIB que en 2007, pero con un 10% menos de empleo: Un dramático ajuste en productividad, vía destrucción de empleo, en lugar de vía incremento de PIB, con el consiguiente sufrimiento personal y familiar.

     Esta ecuación no se resuelve con más gasto público. Hay que pasar nuestro particular periodo de desintoxicación: devolver al sector público un tamaño más reducido, que nunca debió haber abandonado, ceder el testigo a al iniciativa privada, apoyar al emprendedor, reformar el sistema financiero y lograr que la inversión fluya otra vez, generando competitividad, no michelines. Todo un reto, Sr. Rajoy.

Joaquín Bueso

Socio Consultor

El desmultiplicador del gasto público

El desmultiplicador del gasto público

Escrito por sadeconsulting

febrero 2, 2012 a 7:56 pm

La oportunidad

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La Oportunidad

La Oportunidad

     MUCHOS DE LOS ELECTORES DEL PARTIDO POPULAR se han sentido desconcertados con las medidas adoptadas en el primer Consejo de Ministros que ya operaba como tal.

     Podía entenderse que Rajoy no explicara con mucha claridad qué iba a hacer cuando llegase al poder. Su eterno “depende” encerraba una cierta precaución: el escenario es incierto, las medidas serían impopulares, y no convenía darle munición al enemigo. No obstante, sí anunció lo que “no iba a hacer”: no iba a subir los impuestos.

     Precisamente por ello resulta dolorosamente contradictorio que, justo a la primera oportunidad, haga precisamente lo que dijo que “no iba a hacer”.

     En mi opinión, en este momento deben dejarse al margen tanto el desencanto y la confusión como las risas alborozadas de la otra parte del Hemiciclo. Más allá de consideraciones, lo que ha calado en la opinión pública es un fuerte sentimiento de urgencia y de gravedad.

     Y no es que con ello anime al Sr. Rajoy a tomar medidas todavía más duras. Lo que sí afirmo es que si las tiene que adoptar, el momento es ahora.

     Ante la incapacidad, el desistimiento casi desvergonzado, de patronal y sindicatos para alcanzar un acuerdo, el gobierno deberá afrontar la reforma laboral. Puestos a ello, mejor que ésta sea de calado. Es el momento.

     Podremos equilibrar un déficit, aunque sea a martillazos. Pero esto no servirá para lograr un crecimiento y, por tanto la reducción del desempleo, si no se consigue que el crédito fluya nuevamente. Una de las asignaturas pendientes más importante es la reforma del sistema financiero. Es imprescindible devolver la confianza en nuestro sistema financiero, y para ello debe conocerse hasta qué nivel llega la podredumbre en el sistema, y promover las medidas fuertes para ponerlo nuevamente en pie. Y esto debe hacerse rápidamente.

     Es un sentir general la idea de que las administraciones han despilfarrado de una forma torpe y miope, por no decir claramente negligente, incluso fraudulenta. La regeneración de la clase política debe ir de la mano de medidas que promuevan una administración eficaz y leal con los ciudadanos. Es momento de un rediseño de la estructura administrativa, del adelgazamiento de la maquina burocrática. Ello provocará despidos de interinos, liquidaciones de empresas públicas, etc. con el consiguiente sufrimiento social. Pero, si debe hacerse, el momento es hoy.

     Podría seguir enumerando aspectos que reclaman reformas, y que necesitan medidas impopulares. Cuando alguien está enfermo, no le pide al médico que no le haga daño, sino que lo cure. Del mismo modo, la opinión pública, la ciudadanía, aceptaríamos en este momento unas reformas profundas, un sufrimiento y un esfuerzo importante.

     Rajoy ha ganado unas elecciones para eso: para curar nuestra salud económica y social. Ahora puede hacerlo. Entretenerse, dudar, impulsar medidas parciales, paños calientes que no traigan el remedio esperado, provocaría dos grandes efectos: una intensa frustración social, y la imposibilidad de llevar a cabo esas políticas duras en el futuro.

     Señor Rajoy, haga lo que tenga que hacer, pero hágalo ahora. Es el momento.

Joaquín Bueso

Socio Consultor

Escrito por sadeconsulting

enero 30, 2012 a 6:17 pm

¿Es usted capaz de trabajar en equipo?

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Trabajando en equipo

Trabajando en equipo

CUANDO A CADA UNO DE NOSOTROS se nos pregunta si nos gusta o si tenemos facilidad para trabajar en equipo, casi automáticamente respondemos que sí.

     Con independencia del contexto en que se plantee esta pregunta, es de esas cuestiones que no admiten respuesta negativa, a menos que uno quiera aparecer como un uraño insociable.

     Sin embargo, puestos ya en situación, la realidad es que lo del trabajo en equipo no es, a menudo, nuestro fuerte. Casi siempre confundimos “Trabajo en Equipo” con “Trabajo Repartido” donde la habilidad consiste en distribuir las tareas de forma que cada cual pueda “pasar” de los demás el máximo tiempo posible.

     Siendo indulgentes, y avanzando un paso, podemos llegar a sentirnos cómodos trabajando “en grupo”. Formamos un grupo con otros compañeros de sección o de departamento, incluso a veces nos vestimos de forma parecida. Hay una cierta sensación de pertenencia, compartimos un jefe en común que nos manda a todos, y somos más nosotros mismos cuanto menos seamos otra cosa. Todos hemos visto a algún equipo de fútbol que más bien habría que llamarlo “grupo” de futbolistas.

     Y es que trabajar en equipo no es fácil. Y no es suficiente que exista una “necesidad” que exceda las capacidades de una persona sola de modo que se vea obligada buscar la colaboración de otras.

     Dando un paso más, si no acertamos a definir trabajo en equipo, vamos a intentar definir el concepto “equipo de trabajo”, y a partir de ahí, ver qué pautas podemos extraer para describir qué es lo que hacen.

     Katzenbach y K. Smith definieron el equipo de trabajo como:

     “Un número reducido de personas con capacidades complementarias, comprometidas con un propósito, un objetivo de trabajo y un planeamiento comunes y con responsabilidad mutua compartida”.

     Así pues, podremos concluir que poder trabajar en equipo es tener la capacidad de engarzarse dentro de un esquema de colaboración en que se pueden aportar capacidades complementarias, ilusionarse con un objetivo común, y compartir el peso del éxito o del fracaso.

     La existencia de un líder más o menos carismático, comunicación, información compartida y un ambiente de equidad son factores que, sin duda, favorecerán que el equipo funcione mejor. Pero es la disposición personal individual: su generosidad, su lealtad y su nivel ético lo que realmente habilita a alguien para poder trabajar en equipo.

     Así pues, la próxima vez que en una entrevista de trabajo, o ante un proyecto, nos pregunten si somos capaces de trabajar en equipo, en realidad nos están preguntando: “¿Es usted una buena persona?”… Y deberemos ser capaces de contestarnos, aunque sea sólo a nosotros mismos.

Joaquín Bueso Recatalá

Socio Consultor

Escrito por sadeconsulting

enero 30, 2012 a 6:09 pm

“Cuidado” con los clientes.

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          Habitualmente, las decisiones sobre instalaciones, máquinas, naves industriales y otros activos no corrientes son objeto de estudio detenido: Alcance de la inversión, forma de financiación, utilidad esperada, conveniencia, oportunidad…, rentabilidad.

          Sin embargo, los saldos de clientes y otras cuentas a cobrar pueden llegar a representar una inmovilización financiera mucho mayor y, paradógicamente, escapan con más frecuencia a nuestra atención.

           En muchas ocasiones los saldos de clientes simplemente parecen “estar ahí”. Se va facturando y tiempo después se cobran dichas facturas. Pero cuando se observan las cuentas a cobrar en su conjunto, parecen una magnitud con vida propia, difícil de domar, y generalmente mayor de los que imaginamos.

           Si al esfuerzo financiero unimos el riesgo comercial, concluiremos que los saldos de clientes también deben ser objeto de una gestión activa.

          Se hace muy conveniente realizar una Diagnosis de Clientes, en un sentido amplio, tanto desde el punto de vista financiero y del riesgo, como desde otros ámbitos tales como:

    – Concentración de ventas.

    – Existencia de contratos de suministro y otras garantías comerciales.

    – Correcta definición del proceso de negociación comercial, y alta del cliente y sus condiciones de trabajo (descuentos,  comisiones, forma de pago).

     – Gestión atenta del riesgo comercial, control de plazos de cobro y de impagados.

      – Criterios claros en el tratamiento de saldos dudosos, dotación de provisiones y reclasificaciones de saldos.

          La reciente reforma de la Ley de contra la morosidad pretende dar un punto de apoyo para rebajar los niveles de cuentas a cobrar, pero como hemos visto, este no es el único aspecto a considerar.

           En más de un sentido, los clientes son nuestra primera inversión, por eso hay que cuidarlos, y tambier tener “cuidado” con ellos.

Joaquín Bueso Recatalá
Socio Consultor

Escrito por sadeconsulting

enero 30, 2012 a 6:03 pm

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